lunes, 24 de agosto de 2009

27 DE AGOSTO 22 AÑOS DE IMPUNIDAD

EN UN DIA COMO HOY

Ayer se fue, mañana no ha llegado,
Hoy se está yendo sin parar un punto,
Soy un fue, y un será,
y un es cansado (…)
Quevedo

En un día como hoy murió asesinado Jorge Eliecer Gaitán en 1948, en un día como hoy se inició el exterminio de la UP, (una alianza política y democrática organizada el 28 de mayo de 1985), asesinando a 2 Candidatos a la Presidencia de la República, 7 Congresistas, 13 Diputados, 11 Alcaldes, 69 Concejales y más de 3.000 Dirigentes y Militantes de Base, más de 1.000 Desaparecidos, más de 20 atentados a las Sedes Políticas, alrededor de 15 Masacres, Atentados a la Libertad de Prensa, Miles de Desplazados y Torturados. En un día como hoy debieron salir exiliados Carlos Gaviria Díaz y Alberto Aguirre en 1987 por amenazas públicas de muerte, murió asesinado Luis Carlos galán en 1989, Jaime Garzón en 1999, María Cristina Cobo Mahecha, estudiante de la universidad de los llanos en el 2003, entre muchos otros. En un día como hoy murió asesinado Héctor Abad Gómez.

El 25 de agosto de 1987, hace 21 años, murió asesinado Héctor Abad Gómez, médico salubrista antioqueño, defensor de los derechos humanos (entre ellos el derecho a la salud), y denunciante acérrimo de la injusticia y la desigualdad social, acusado de “medico auxiliador de guerrilleros, falso demócrata e idiota útil de la up”, bajo la consigna ¡Viva la muerte, abajo la inteligencia!, frase que hace alusión a la anulación de cerebros hecha por el jefe de las AUC, Carlos castaño, por la que se justifica con orgullo: "Me dediqué a anularles el cerebro a los que en verdad actuaban como subversivos de ciudad. ¡De esto no me arrepiento ni me arrepentiré jamás! Para mí, esa determinación fue sabia. He tenido que ejecutar menos gente al apuntar donde es. La guerra la hubieran prolongado más. Ahora estoy convencido de que soy quien lleva la guerra a su final. Si para algo me ha iluminado Dios es para entender esto".

Era un médico salubrista que pensaba en la salud pública no solo como una herramienta para prevenir enfermedades si no como un saber múltiple, decía que “aquel que solo sabe de medicina, ni medicina sabe”, esto implica que se debe tener un conocimiento multidisciplinario para intervenir en la sociedad, se necesita saber a parte de estadística, economía, sociología, antropología, epidemiologia, política. Pensaba en la salud con educación, vivienda, empleo, y alimentación adecuadas. En su lucha por la defensa de la salud colectiva fundó la facultad nacional de salud pública de Antioquia y creó los promotores de salud. Como político ejerció la poliatría, polis de ciudad y atria de tratamiento definición que propone personas especializadas en tratar los problemas de la ciudad, es decir, los problemas políticos, de ahí que la salud pública es política y los trabajadores de la salud deben asumir un papel activo en ella y tener una base ideológica que oriente su actuar, y fue director del comité de derechos humanos de Antioquia; como escritor, sus obras cubren desde libros de salud pública, de democracia y política.

Gran pensador y maestro colombiano, dedicó toda su vida a la lucha por la dignidad humana, al ejercicio de una profesión integral que hoy reconocemos por su labor y coraje. Pero, ¿En que se parecen Héctor Abad Gómez, con las más de 3000 personas asesinadas en Colombia? Éste, similar a muchos personajes de la historia colombiana, lucharon por una visión de patria diferente, igualmente, comparten el mismo destino, una ola de impunidad como resultado de las negociaciones con los paramilitares, la famosa ley de justicia y paz.

Sin embargo, estas situaciones permanecen inertes en la memoria de los colombianos, estamos en un país resignado e indiferente, con una cultura individualista, en donde los que piensan diferente son llamados terroristas y antipatrióticos, en un país sin disco duro, con una laguna mental viviendo entre la fantasía del tener sin tenerlo o como bien le dice Carlos Gaviria “El país del COMO SI, como si no hubiera hambre, como si no hubiera guerra, como si no hubiera desempleo, como si el país no estuviera sumido en la más completa desigualdad”.

Tenemos una historia que ya es patrimonio cultural, los genocidios no son ajenos a nuestra vida diaria y así, con el sabor de impunidad que nos queda al tomar cada día la realidad, vivimos de espaldas ante ella hasta alcanzar la tranquilidad que nos da el olvido.

“Vivimos en un país que olvida sus mejores rostros, sus mejores impulsos, y la vida seguirá en su monotonía irremediable, de espaldas a los que nos dan la razón de ser y de seguir viviendo. Yo sé que lamentarán la ausencia tuya y un llanto de verdad humedecerá los ojos que te vieron y te conocieron. Después llegará ese tremendo borrón, porque somos tierra fácil para el olvido de lo que más queremos. La vida, aquí, están convirtiéndola en el peor espanto. Y llegará ese olvido y será como un monstruo que todo lo arrasa, y tampoco de tu nombre tendrán memoria. Yo sé que tu muerte será inútil, y que tu heroísmo se agregará a todas las ausencias”.[1]



[1] Corto discurso pronunciado en el entierro de Héctor Abad Gómez.Héctor Abad Faciolince. El olvido que seremos. Bogotá, Colombia. 2006

jueves, 13 de agosto de 2009

10 AÑOS DE IMPUNIDAD

Vuelven subversivillos y comunistoides con su cantaleta de derechos humanos. No contentos con jorobar acá, joroban en el exterior. ¡Cómo vamos a permitir, la gente de bien y sus fuerzas armadas, que nos traigan foráneos relatores para que nos digan a quién darle y a quién no! ¡Los derechos, como su nombre lo indica, son patrimonio histórico de la derecha! ¿Qué de malo tiene que desaparezcan unos labriegos perezosos? ¿Qué de extraño tiene que se interrogue con vigor a la subversión? ¿Qué de ilegal puede haber en que caiga uno que otro civil metido de lambón en zona roja? ¡Sólo los norteamericanos tienen derecho a ver qué cuerpos inhumamos! ¡Si lo único sucio de esta guerra es no ganarla, carajo! Y si se trata de un veedor, propongo el limpio nombre del doctor Carlos Arturo Marulanda para militar en este campo del derecho humanitario. ¡Bala, señores!

GODOFREDO SINICO CASPA